15 jul. 2008

Nada es para siempre


Hace unos minutos,

con los ojos llenos de lagrimas,

con mi cuerpo desnudo

cubierto de agua,

sumergida en la bañera

y con la mirada perdida

pensaba que nada,

absolutamente nada,

puede ser para siempre.

Que mi llanto incesante

y las palpitaciones en mi pecho

en algún momento deberían de parar,

que tanta pena no puede ser eterna,

que algo debía suceder

para poder terminar.


Nada es para siempre,

ni el dolor y la pena,

ni la alegría y la dicha.



Nada es para siempre,

ni la belleza de las rosas

ni su olor ni su frescor,

ni el dolor de sus espinas

clavadas en la yema de los dedos.


Nada es para siempre,

ni siquiera la vida

porque no es cierto

eso que dicen que la vida

sigue después de la muerte.

Y ya que soy consciente

que mi muerte me espera,

me da igual morir de pie o sentada,

ahora o días después.

Si tengo que morir, muero,

que miedo me da, para que negarlo,

pero si tengo que morir no encuentro día

más apropiado ni momento más oportuno

que en este preciso momento;


no creo que nadie se de cuenta

que ya me he ido.

Más cuando lo hagan ya aseguro

que si llorarán algunos

como jamás lo habrán hecho,

aunque tan solo sea porque la gente lo espera

y no les quede más remedio.


Pero como nada es para siempre,

dejarán de llorar al tiempo,

aunque mi cuerpo continuará sin vida

pero el dolor ya habrá muerto.

1 comentario:

John Sereira dijo...

Es cierto que nada es para siempre...
"Y hay un tiempo para que los tiempos se junten"...
También es cierto.
Lo que quieres son pruebas.
No las hay, pero sí indicios...
Te debo enviar algún indicio, además de saludos, y besos cariñosos.