4 nov. 2010

Librando el Domingo

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Llevo tres años contigo y más bien pareciese toda una vida. Creo que ya me he acostumbrado a la situación, y con el tiempo, hasta me he ido acoplando a tus deseos, sin rechistar y dejando en la sombra, agazadapa y prácticamente olvidada, mi dignidad.


Hoy domingo, he librado y por eso, en mi tiempo libre, lo estoy empleando a revisar la dura jornada laboral que he tenido a lo largo de esta semana. Analizar mis errores y ver si puedo sacar tiempo para que la próxima semana, en vez de librar sólo los domingos, pueda librar también un día más.


Lunes, comienzo de semana. A las siete de la tarde terminó tu jornada laboral como todos los días, pero sin embargo, llegaste a casa alrededor de medianoche. Ebrio, algo habitual en ti. Sabes que una copita de vino al día es bueno para el corazón, y a ti te gusta cuidarte y gozar de buena salud, por eso bebes, y no porque seas un bebedor compulsivo adicto a ese vicio insano como dicen las malas lenguas. La gente es muy mala, la envidia es destructiva. Esta vez no ha sido culpa tuya, el comienzo de semana es duro y el fin de semana es corto. Necesitaste evadirte un poco con tus amigos, lo normal, no pude quejarme, al contrario, porque encima que llegaste a casa cansado de todo un día de trabajo, yo, torpe de mí, no supe ser capaz de preveer la hora de tu llegada a casa y por lo tanto, aunque tenía preparada la cena, se había quedado fría. Soy una estupida, lo sé, todo lo que me digas es cierto y el golpe que me diste lo tuve bien merecido.


Martes. En la fábrica, el supervisor te llamó la atención delante de todo el mundo, humillándote y dejándote en evidencia delante de tus compañeros. Ni siquiera te dio opción a explicarte, cuándo en realidad, la culpa de que la maquinaria no estuviese aún terminada, no había sido tuya. La pieza pedida a Alemania, aún no había llegado. Es normal que cuándo llegaste a casa tuvieses ganas de desahogarte con tu chica y compartir conmigo tu día. Con la pareja se comparte todo, también los gritos que tu supervisor te había brindado a ti, aderezados con dos golpes y un empujón en el pecho con la mano extendida.


Miércoles. Aprovechando que tengo clase de manualidades y como nunca salgo, me ha parecido una buena idea ir con mis compañeros a tomar algo después de clase. No creí que estuviese mal visto y que eso te pudiese sentar mal a ti. Ya lo decía mi abuelo, que en paz descanse, cuándo yo era pequeña –las mujeres decentes no entran en los bares a no ser que lo hagan de la mano de su marido- ¡Que tonta! Pensé que la dictadura en España ya había pasado para dejar paso a la democracia y que la igualdad entre hombres y mujeres era una realidad y no una utopía. Acabé con el cuerpo dolorido aquella noche y los moratones esparcidos por mi cuerpo, me dieron los buenos días a la mañana siguiente.


Jueves. No he ido a trabajar, no he podido. Mi cuerpo no me responde. He intentado disimular mis golpes con maquillaje pero son tan profundos, que ha sido inútil. El estómago le tengo revuelto. He estado vomitando mis miedos y la vergüenza, esa que siento, al no saber plantarte cara de una vez por todas y alejarme de ti. –Tengo que aguantar- me digo - lo que me pasa es que no soy complaciente y tengo que aprender a serlo. El me ama, a pesar de todo, me ama, sólo tengo que entender y aceptar esta manera tan suya de hacerlo y seré completamente feliz.-


Viernes. Es fin de mes y por tanto, día de cobro, tanto para ti como para mí. Comparas tu sueldo con el mío y tienes razón, tienes toda la razón, ¿dónde se ha visto que una mujer cobre casi tres veces más que un hombre y encima trabajando menos horas y sin necesidad de echar horas extras?¡No tengo vergüenza! ¿cómo se me ocurrió a mí haberme preparado y haber estudiado una carrera? -No me pegues amor, te lo ruego, no me pegues, por favor, que me duele el cuerpo- Te pido, suplicándote y sin reconocerme, no lo entiendo ¿qué fue de aquella mujer independiente y valiente que no se dejaba avasallar por nadie ni por nada?¿por qué permito que él tenga tanto poder y tanta influencia sobre mí? ¿por qué es mi novio, por qué es hombre, por qué dice que me ama… por eso, sólo por eso? no lo entiendo, no me reconozco. La gente dice que en una relación de pareja, siempre uno tiene que ceder y complacer al otro, pero… ¿hasta que punto? Siempre accedes a darme todos los caprichos y, no me has pegado. Con lo bueno que eres conmigo que siempre haces todo lo que te pido, no entiendo como soy tan bruta de a veces dudarlo dándole la vuelta a la tortilla.


Sábado. Yo, como todos los fines de semana, libré, sin embargo tú no. Llegaste a casa, cansado, con ganas de tener sexo conmigo. Después lo pensé y tenías toda la razón, siempre la tienes, yo estaba descansada y quién no debería de tener ganas de nada, hubieses sido tú, sin embargo, llegaste a casa contento, -muy contento- quisiste amarme, pero yo, ¡egoísta de mí que no soy más que una egoísta!, en un principio no quise, pero luego lo comprendí y accedí a tus pretensiones. Reconozco que lo hice desmotivada, me sentí forzada… me sentí mal, verdaderamente mal y no lo niego. Sentí alivio cuándo por fin me libre de tu cuerpo que estaba encima mía, pero a la vez, me sentía sucia muy sucia suicísima, a pesar de que, viendo tu cara de satisfacción, sabía que, me había comportado como una pareja tiene que comportarse. Te duchaste, te vestiste y te fuiste, mientras yo, me quedé en la cama, abrazada a mi almohada y llorando mis penas.


Hoy es Domingo, hoy no me has pegado, hoy he librado. Has estado todo el día –y aún lo estás- durmiendo la borrachera con la que llegaste anoche. Daba pena verte, cuándo tus amigos te tuvieron que traer a casa. No te tenías en píe. –Mírale- me dije, -en el fondo no es más que un infeliz, un miserable, un frustrado de la vida que no me merece-


Hoy… ahora… en este preciso instante… en este momento… ¿sabes? Lo he pensado mejor y creo que aunque soy una afortunada por ser una pluriempleada, prefiero renunciar al trabajo de “feliz” pareja y volver a mi vida de soltera, quedándome con un único sueldo.


Me merezco librar no sólo los domingos. Me merezco librarme de golpes, insultos y vejaciones los siete días de la semana. En el fondo soy cobarde porque aprovecho el momento en el que estás dormido, para irme. Pero me da igual. Se que si lo hiciese delante de ti, me pegarías y me amenazarías como en otras ocasiones. –Si me dejas me vas a conocer, haz lo que te de la gana, pero si me dejas, lo vas a lamentar- observándote y mirándote dormido como un angelito nadie diría que eres el peor de los verdugos. –Hablaré con tu familia para que sepan lo que me haces- Ahora, esas amenazas, me dan risa por lo ridículas que resultan. Es más, me atrevería a retarte e invitarte que hablases con ellos, apuesto que si se enterasen de todo, se enfadarían conmigo… pero se enfadarían conmigo por haber sido tan tonta y no haberte mandado al carajo hace ya tiempo. -¡Diles, cobarde, diles, se valiente por una vez en tu vida y diles, pero diles toda la verdad. Diles lo que hago y diles lo que haces tú. Háblales de tus vejaciones, de tus infidelidades –esas que nunca reconoces obviamente-, de lo mucho que me quieres –porque permíteme dudar que me ames- y lo mal que lo demuestras, de todas las veces que me dijiste que era una gran mujer, habiéndote olvidado de que también me dijiste que era una puta, loca,… ¡diles, diles todo sin obviar nada!. Mi familia me conoce y si se sorprendieran sería de la poca inteligencia y sentido común que he demostrado tener contigo-


Cuídate y no te preocupes, tienes labia suficiente y no te costará encontrar a otra que haga el papel de pareja fiel y abnegada, a la que le demuestres todo lo que la quieres como hiciste conmigo.



= Dedicado a todas esas mujeres que han sido víctimas de la violencia de género y han sido amenazadas, vejadas, humilladas, golpeadas… por un hombre. Para que no lo permitan y les quiten la careta ante los ojos de la sociedad porque, por desgracia, tipos como esos hay muchos y suelen ser, los que nadie menos se lo esperan, porque, de cara a la galería, son los hombres perfectos, los que defienden a las mujeres a ultranza y ante cualquier injusticia, los amorosos, los más cariñosos, los más educados, los cultos…No lo permitan, el hombre que se comporta como un miserable con una mujer o permite que otras personas lo hagan sin poner medios para evitarlo, nunca será un hombre porque nunca ha sido persona. Nunca cambian y si se lo han hecho a otra, cuenta con todas las papeletas de que te lo pueda hacer a ti. “Quién es cerdo morirá marrano”.


Denuncien lo antes posible esas situaciones, denuncien con todos y cada uno de los medios que tengan a su alcancen.


No tengan miedo, el miedo es lo único que detiene al mundo y quién tiene miedo no avanza, quién no avanza, no vive y quién no vive, indiscutiblemente muere.


Como decía el slogan: “Contra la violencia de género, tolerancia cero”.=


Fdo.: Mónica.