29 abr. 2011

El secreto del océano

El secreto del océano



La vez primera que vi el mar tenía tan sólo seis añitos. Aún así, visualizo nítidamente y sin esfuerzo alguno aquellos primeros encuentros. Recuerdo acercarme hasta su orilla y retarle. Todo el mundo decía que era grandísimo y que llegaba hasta el infinito, sin embargo yo tan sólo me creía que era enorme y estaba convencida de que tuviese un final. Me pregunté dónde terminaría, así que mojé mi manita con sus aguas y acaricié mi cara en un amago inocente de dar comienzo a un juego infantil, con el fin de buscar la respuesta. Supongo que se dio cuenta que en mí tan sólo encontraría acciones propias dentro del contexto de una ingenuidad absoluta.

De repente, el tiempo cambio su rumbo pasando de ser un día soleado y tranquilo para dejar asomar su soberbia abrumadora con un fuerte oleaje. Todo el mundo se apresuró a recoger sus cosas y se fueron. Sorprendentemente, de mí se olvidaron así que nos quedamos solos los dos. El océano y yo. El uno frente al otro. Permitiendo ser testigos de nuestro pulso ficticio a la arena y la acritud de las rocas. El océano, llamó mi atención dándome pequeños golpecitos de su espuma blanquecina en mi tobillo y me dejé llevar mar a dentro. La ventaja que tiene ser un niño es que no conocen la maldad y por lo tanto, no saben que es el miedo.

La bruma ocupaba todo el cielo confundiéndose con el azul del mar, de tal modo que dificultaba mi visión y la improvisada orientación que en mi cabecita me había creado del camino a seguir, sin embargo, el empuje de las olas, se encargaba de encarrilar mis lentos pasos. No se cuanto tiempo tardé en atravesarle levitando sobre sus aguas cual sirena intrépida y aventurera. El concepto del tiempo no lo debía de tener aún muy dominado pero se que cuando llegué a mi destino un paraíso virgen y salvaje se abrió ante mí. Alguien, no se quién, me extendió su mano y me dijo: El mar y el cielo son azules y se confunden en su color porque ambos están unidos y conducen a las buenas personas al paraíso celestial, dónde ahora mismo estás tú.