12 jul. 2008

Mi pequeña tiene síndrome de down



Recién había cumplido los dieciséis cuando con tu llegada al mundo me estaba convirtiendo en madre. Al sentirte en mis brazos pegadita a mi pecho pude entender que eras un pedacito de mi piel emanado de mi cuerpo. Tu carita morena y tus ojos negros como el azabache se clavaron en el epicentro de mi corazón.

Me dijeron que tu desarrollo intelectual siempre sería inferior a cualquier otra persona de tu misma edad. Me advirtieron que no sería nada fácil la vida desde ese preciso momento porque tu sobrevivencia en esta jungla de lobos siempre dependería de mí protección o ante mi ausencia, de cualquier otra persona que pudiese responder por ti. El cordón umbilical inevitablemente siempre estaría presente entre tu y yo.


Hoy te has convertido en toda una princesa. Ya tienes doce añitos y durante estos años ambas hemos ido aprendiendo la una de la otra. El reflejo de tu mirada siempre demuestra la inocencia de una niña que serás de por vida pese al paso de los años.


He sido feliz viéndote crecer, aún lo soy y lo seré de por vida.


Mi felicidad está condicionada por la tuya.


Pequeña mía, pronto te convertirás en una reina aunque tu alma siempre será el de una pequeña y preciosa princesa feliz en tu cuento de hadas creado a tu medida y pensado en exclusiva para tí.


Eres linda como una rosa pero delicada y frágil como el cristal


Gracias preciosa por dejarte querer y permitirme la entrada en tu bello mundo perfecto.


-Un millón de gracias, Mi Princesa-