14 abr. 2011

De lo que come el mulo caga el culo




De lo que come el mulo caga el culo


Hay gente que se creen la mar de originales y piensan, ilusos de ellos, que todo lo que ellos hacen es perfecto, lo mejor de lo mejor de lo mejor, lo supremo a la máxima potencia. Que son únicos, excepcionales y por lo tanto, los más originales del “mundo-mundial”. Esa gente, se tienen en una alta estima, algo excesiva y por lo tanto equivocada por aquello de que los extremos nunca son buenos. No es que se quieran mucho, que eso está bien, sino que son unos ególatras sin sentido porque si fuesen con razón, no podríamos tacharles de nada.

Se creen estar por encima de todo el mundo, del bien y del mal, se creen grandes y en realidad, son tan cortos de vista que no se dan cuenta ni ven que la verdadera grandeza de las personas radica en su humildad. Quién es grande, no se siente tan importante como para perder unos minutos en enseñar a los demás, al contrario, lo hacen con gusto. Además, quién es grande, no lo dice de sí mismo precisamente porque ante todo es humilde, sino que se lo dicen a él. Indiscutiblemente la diferencia es notoria.

Con todo ello, a la conclusión que he llegado es que, en esta vida, muy pocos pero muy pocos, son los afortunados por ser tocados con la varita de la originalidad y el talento con mayúsculas. El resto no somos nada más que unos “aprendices de todo maestros de nada”, y en eso nos quedaremos toda nuestra vida. Cuanto antes lo entendamos y lo asumamos, mejor, porque el pertenecer al grupo mayoritario de personas que tienen inteligencia media, no es nada deshonroso ni mucho menos es indicio de infelicidad. Al contrario, la felicidad radica principalmente es aceptarse cada uno tal y como es, sin envidiar lo que tienen los demás y luchar por lo que tu quieres tener, y difrutando de las cosas que nos rodean, valorando sobre todo las sencillas.

Por ello, también he llegado a la conclusión de ser un acto surrealista y ridículo, por parte de la gente que creyéndose superiores, acusan de plagio, sin miramientos y poniendo el nombre de alguien en tela de juicio al tiempo que ignoran e insultan su inteligencia, cuando en primer lugar el plagio no es tan fácil de demostrar y todos aprendemos y adquirimos inconscientemente, comportamientos de otras personas y sin embargo, con el paso del tiempo, las llegamos a incorporarlas a nuestra rutina como si fuesen propias de siempre. Lo curioso del caso es que esas personas que acusan de plagio, a lo máximo que llegan es a eso, a acusar porque saben que de ante mano, tienen todas las de perder. Quién realmente cree que tiene la minima posibilidad de ganar un juicio porque la razón está de su parte, se ahorran el acusar y el amenazar y, directamente, toman cartas en el asunto y denuncian. Pero claro, si con amenazas logran sus propósitos, se salen con la suya y se ahorran las costas del juicio que les hubiese tocado pagar, mejor para ellos. No olvidemos que esa gente son fanfarronas pero no son tontos.

Asi he llegado a un hecho que me sucedió la otra noche. Resulta que me dio por ponerme a leer un libro que ya había leido en su día y di con una definición de los Españoles que yo siempre creí que se la había escuchado decir a un amigo de mi abuelo y a él mismo, por lo tanto, quién se la adjudicase como propia, estaba cometiendo supuestamente un delito de identidad y de plagio. La definición decia algo asi como que los Españoles somos los únicos seres en el mundo que disparamos primero y apuntamos después por lo que el hecho de aceptar es de pura chiripa.

Me desilusioné al saber que tal definición tan cómica al tiempo que certera -porque los Españoles que duda cabe que somos la pera- ya la conocía ese escritor, por lo que deduje que igual que mi abuelo y su amigo, nos lo decían a nosotros, a ese escritor que bien podrá tener la edad de mis padres, se la hubiesen dicho también. Conclusión: La frase no debia ser original sino más bien un dicho popular. Fue tal la desilusión y la depresión en la que caí que dije señalando al infinito y más allá al estilo propio del maestro y todo poderoso Burt Lightyear, que a mi blog ponía por testigo que jamás volvería a leer un libro. Por cierto esta promesa me acaba de recordar a una película que no recuerdo su nombre :P y pensé enfurecida: ¿¿¡Quién dijo que leer es bueno!?? Algo que en vez de crearte ilusiones te las rompe, no puede ser bueno.

Entonces me surgió una dura existencial que no era otra que saber si el dicho o refrán que tantas veces me han dicho que decía mi abuelo, efectivamente era de su cosecha o pertenecía a la larga lista de refranes populares, así que lo puse en el google y efectivamente, mis sospechas eran ciertas lamentablemente, pero para mí, le guste a quién le guste y no le guste a quién no le guste: “De lo que come el mulo caga el culo” pertenece a mi abuelo y a los de su generación y¡no hay nada más que hablar! :D

Nadie me puede negar, que al menos las canas de nuestros mayores se merecen que les respetemos y les adjudiquemos como propios los dichos que durante tanto tiempo han hecho, a costa de repetirlos una y otra vez, que siga vivo y sea conocido por todos el rico refranero Español.

1 comentario:

Taty Cascada dijo...

Me quedo con el segundo bloque de tu post. Efectivamente, la grandeza de la enseñanza se presenta en la humildad de los verdaderos grandes para enseñar.
Un beso.