10 abr. 2011

Carta a mi hija (Por el autismo)





AUTISMO.




Mi pequeña Sofía:




Recuerdo la primera vez que fui al pueblo después de tantísimos años, y tu madre, con su amplia sonrisa que tanto la caracterizaba, te mostró ante mí con orgullo permitiéndome acogerte entre mis brazos. Tenías ya tres añitos y aún no había tenido la ocasión de haberte conocido, sin embargo, ya te quería desde el primer momento en que tu madre me comunicó que estaba embarazada de ti. Por eso, lamenté el no poder haber disfrutado de los nueve largos meses que te tuvo creciendo en su viente como también del día en que llegaste al mundo y viste por vez primera la luz.




Recuerdo como el rostro de tu madre se tornó en tristeza de repente, abandonando la alegría que sentía del momento y ante el asombro obvío por parte mía, para de inmediato, explicarme el motivo por el que no te comportabas del mismo modo que los niños de tu edad y teniéndote entre mis brazos, perdías tu mirada entre los mechones de mi cabello que se escondían tras el cuello de mi blusa, ignorándonos por completo al nombrarte e intentar llamar tu atención.


-Mi niña es autista- me susurró tu mami bajando su mirada entristecida y mitigando el tono cándido de su voz.


Recuerdo el abrazo en el que nos fundimos, después de colocarte en tu sillita de paseo, y el calor que nos trasmitimos en aquel momento crucial, lleno de comprensión, amor y apoyo. Supe en ese instante y más que nunca, que la alegría de tu madre era mi alegría al igual que su tristeza.


- Si me pasa algo, por favor, hazte cargo de mi pequeña. Cuídala como si fuese tu hija- me dijo como si estuviera previendo que algo malo iba a sucederle.


Sofía, cariño, por eso, cuando mi hermana y mi cuñado fallecieron, juré ante su tumba cumplir la promesa que había hecho en vida y dejé de un lado mi papel de tía para convertirme y adquirir el de madre, tu madre.


Ya ha hecho quince años de aquello y hoy, en el día de tu cumpleaños, convirtiéndote en mayor de edad, quería escribirte esta carta para felicitarte y darte las gracias por permitirme formar parte de ese mundo paralelo que recorres y al que de modo inteligente, permites invadir a quién aprecias. Porque jamás fuiste tú la diferente, sino que los diferentes siempre fuimos los otros. Los que nos cuesta un mundo entender que el mundo depende del cristal con el que se mira, y tú, con la amplitud de tu mirada, lográs entender tanto nuestro limitado mundo como el mundo feliz en el que tu habitas.


Te amo Sofía.

1 comentario:

Taty Cascada dijo...

Hola Mónica:
Agradezco tu visita. He leído tu escrito y me ha gustado por lo auténtico, no es fácil describir determinados temas.
Un beso, te sigo.