21 ene. 2009

Testimonio real obtenido de AEAL

Marilo - No es justo, sólo tiene seis años


AEAL (testimonio obtenido de aeal = asociación de emfermos afectados de linfomas)

Todo empezó en el momento en el que la pediatra de mi hijo me dijo que no le gustaba lo que veía, mí corazón se encogió y ha seguido encogido hasta hace muy poco.

El día 7 de diciembre mí vida cambió, yo que pensaba comprar las figuritas del Belén después de salir del hospital, creía que le harían una analítica, me dirían que era un virus y nos iríamos, pues las compras se quedaron sin hacer, porque mi hijo tenia una enfermedad grave y se le trasladaba al hospital de Toledo al servicio de oncología.

Ser madre es lo mas bonito del mundo, es duro el día a día, pero cuando a los seis años a tu hijo le diagnostican un linfoma de hodgkin tu vida se para, no te lo puedes creer, de primeras piensas que estas soñando y quieres despertar, claro que cuando ves que estas muy despierto piensas, esto no puede ser verdad, se han tenido que equivocar, luego cuando ves que todas las pruebas indican que es cierto te hundes, piensas por qué a el y no a mí o a cualquier otro, no es justo solo tiene seis años.

El primer contacto con el oncólogo fue muy duro pero tranquilizador, ¿Cómo puede ser que ese médico, un completo desconocido para nosotros, estuviese tan seguro de que mi hijo lo iba a conseguir? Pues ese gesto a mí me devolvió la serenidad, la confianza y las ganas de luchar.

Yo sinceramente pensaba que mi hijo no iba a aguantar la quimioterapia y me sorprendí, la llevó estupendamente, hubo días duros, biopsias, operaciones, punciones, pero ahora lo ves lejano.

Durante el tiempo que ha estado ingresado he visto a muchos niños entrar y salir. Es difícil, cuando te preguntan las demás madres qué le pasa a tu hijo, decir que tiene cáncer, por eso yo decía; tiene la enfermedad de hodgkin, parece que suena mejor aunque signifique lo mismo.

En ese largo camino de ingresos he conocido a las que yo considero mis mejores amigas, unas completas desconocidas con las que compartía el dolor de tener un hijo enfermo de cáncer, han sido amigas, psicólogas, hombros en los que llorar, personas en las que apoyarme, así que entre ellas y los médicos me convencí de que mi niño iba a salir adelante.

La soledad que sufrimos los padres de niños con cáncer es cruel, algunas veces porque la gente cercana como los amigos no saben si llamar o no y optan por no hacerlo, otras veces se apartan porque no les gusta el sufrimiento que trae la enfermedad.

No podré olvidar jamás el miedo que sentí la noche que estuve en casa a recoger algunas cosas para llevarme al hospital y vi su mochila al entrar, apoyada en la pared y su camión de juguete en mitad del pasillo, conforme lo había dejado el unos días antes, pensé que ya no volvería a verlo entrar jamás por la puerta, me sentí tan sola y tan hundida que tuve que llamar a mi madre.

Gracias a la familia que te ayuda, te apoya, te dice vete que yo me quedo con el pequeño, te cuida tu casa, te anima, te protege de comentarios, te recibe siempre con una sonrisa, puedes vivir centrándote en tu hijo y sabiendo que su hermano pequeño está bien atendido y que le van a cuidar igual de bien que tú.

La familia es uno de los puntos más importantes ante una situación como esta, yo tengo que decir que nuestra familia se portó estupendamente, les doy mil gracias.Ahora hecho la vista atrás y pienso en donde ha quedado la mujer que yo era antes, porque la de ahora es otra muy diferente.

La enfermedad de mi hijo me ha hecho valorar las cosas, ahora no me agobio por tonterías, simplemente les quito importancia, mí vida se basa en ver crecer a mis hijos, ver como Daniel se está recuperando de la tomoterapia, ver que los Pet salen bien y verlo disfrutar de la vida.

Llega un punto en el que mi estado de ánimo va ligado al suyo, cuando el está bien yo también lo estoy, y cuando el está malito, pues yo estoy triste y preocupada, pero pronto vuelve la alegría otra vez a su cara y también a la mía.

Ahora recuerdo con una sonrisa aquella Nochevieja comiéndonos las uvas en aquella habitación del hospital, sin poder oír las campanadas ya que a esas horas quitan la voz en la tele, imaginándonos que el agua era sidra con la que brindar y rogando que el nuevo año trajera la curación de mi niño.

Muchas gracias a todos, sobre todo a nuestra familia, en particular a mis padres que siempre han tenido palabras de apoyo para mí, a los oncólogos de mi hijo, que aparte de unos médicos estupendos son unas personas maravillosas con los niños y sus familias, a Pili y Cristina mis mejores amigas y ejemplares madres corage, a los demás médicos que han hecho que mi hijo se esté curando, al jefe de mi marido por entender nuestra situación y facilitarnos el poder estar juntos en estos duros momentos, y a todos los que han tenido palabras de aliento para nosotros.

Por supuesto doy las gracias también a mis queridos amigos de AEAL que gracias a sus experiencias, a su apoyo y como no a sus innumerables remisiones, he podido llevar la enfermedad de mi hijo mas abiertamente, sin tapujos ni miedos y con la certeza de saber, que si toda esa gente cree que tu hijo lo va a lograr, es que lo va a lograr.

Aunque este relato lo haga en primera persona del singular quiero que quede claro que la enfermedad de mi hijo ha sido tan dolorosa para mi como para su padre, mi maravilloso marido, entre los dos hemos hecho mas llevadera esta angustia y nos hemos sabido entender de tal manera que mi hijo siempre ha sabido que su papá y su mamá estaban ahí, eso ha sido importantísimo para él.

Con la experiencia que te dan estos meses que han pasado, espero que mi testimonio dé esperanza a los padres de niños con linfoma que en este momento se encuentren en el comienzo de la enfermedad, solo decirles una cosa “el futuro también cuenta con ellos”.

1 comentario:

anabel dijo...

Todo mi apoyo a esa familia.
Es muy duro saber que a tu hijo le pasa algo. El mundo se cae, sí, como dice la mamá, al principio parece un sueño.
Sin embargo, por muy difícil que sea, hay que intentar cuanto antes aceptar la realidad. Y luchar... Adelante, siempre adelante.
Gracias, Mónica, por traernos este testimonio. A mí me ha emocionado mucho y me ha dado nuevas fuerzas.
Besotes de Erik y míos. MUAK.