7 may 2013

El boxeador



(Viendo un reportaje sobre la vida de un boxeador escribí este artículo)


Cuando has subido muy arriba, mucha gente te rodea, pero cuando caes empicado hasta tocar fondo y te encuentras en lo más bajo, pocos te acompañan. En lo que no depara la gente, es que si la caída ha sido fuerte, es porque has tenido que haber subido mucho.

Su padre falleció a la misma edad que él: Cuarenta y nueve años. Una edad para ya saber bastante de la vida pero muy joven para irte de ella.

Cuando te ofrecen mucho dinero por hacer algo que, aunque no te guste, no requiere mucho esfuerzo a simple vista, no te lo piensas… y comienzas en ese mundo…  y sigues….  y subes…. y quieres seguir subiendo como la espuma, y lo que es mejor, (o peor) es que lo haces.

Los expertos y críticos del boxeo no daban crédito. No sabía boxear, ni moverse adecuadamente. No tenía el estilo propio y requerido en el boxeo, pero sin lugar a dudas, era un fenómeno a tener en cuenta. Llegase donde fuese, la gente le quería ver y llenaba estadios de forma asombrosa. Movía a la multitud allá donde iba, dejándoles con la boca abierta y más que satisfechos con el espectáculo ofrecido.

Él éxito le acompaña y Guipúzcoa se le queda pequeño, así que un día tiene que dejar el caserío donde vivía para viajar a Madrid.

A lo largo de un mito siempre se crea una sombra y se les empieza a acusar de haber tongo en los combates, porque, según decían, se le ponía a pelear con boxeadores malos. Tanto él como su entorno siempre lo negaron, pero inevitablemente, el fantasma del tongo le persiguió durante toda su vida profesional.

Paralelamente al boxeo, comenzó a salir y a beber. Indiscutiblemente, el mundo de la farándula, el salir de fiesta, la noche, el alcohol… son aficiones incompatibles con el deporte, pero eso él no lo entendía.

Separado de su primera mujer, sus salidas nocturnas, las fiestas, y las mujeres, empezaban a ser una constante en su vida. Le advirtieron que se alejase de ese mundo, pero él hizo caso omiso a todos los consejos y se metió en una vorágine de la que es tan fácil entrar como difícil es salir.

Tenía privilegios de los que otros carecían, tal es así, que hasta la federación Española le permitió ser campeón de Europa sin haber sido antes campeón de España.

A su alrededor habían muchos viviendo a cuenta de él, pero no sólo era extremadamente generoso sino que, como el dinero que manejaba era mucho, no le importaba gastarlo como se le antojase. Cuando tienes, crees que nunca te va a faltar, y cuando te falta, es cuando te das cuenta de lo que tuviste.

Su final comenzó cuando un conocido alemán le arrebató el título europeo. No volvería a recuperarlo nunca más. Es ahí cuando empieza su decadencia tan profesional como personal.

Su vida desordenada continúa hasta que conoce a la que sería su segunda mujer y el gran amor de su vida. Él estaba aún casado y lo que hoy hubiese sido infidelidad, con el régimen de franco, fue sin embargo adulterio.

Se justificaba diciendo que, cuando él decidió irse a Madrid, su mujer no quiso acompañarle y que era un hombre joven sólo en una ciudad grande, por lo tanto, era normal que conociese a otras mujeres, además habría que añadir que era guapo y con dinero, los ingredientes principales para que las mujeres se sintiesen más que atraídas por él. No guardaba rencor con su primera mujer, pero si había un notorio distanciamiento, ya no sólo con ella sino también con los tres hijos que tuvieron en común.

Pese a su estabilidad sentimental con su segunda mujer, él seguía bebiendo, y bebía mucho. Cada vez más. Eso hacía que su caída fuese más vertiginosa y su decadencia más pronunciada e inevitable. Todo el mundo era consciente de su declive y de su cruda realidad excepto él que, lejos de admitirla, le quitaba hierro al asunto.

Después de muerto llegaron las lamentaciones por parte de muchas personas. Quizás… quizás… quizás… pero ya era tarde. Demasiado tarde. Él se había quitado la vida y ya no había vuelta atrás.

Quién le conoció dice que fue un buen boxeador pero fue mucho mejor persona, que ayudó siempre a todos aquellos que en algún momento requirieron de su ayuda, pero en cambio, cuando él necesito ser ayudado, ni lo supieron ni, probablemente, le quisieron ayudar, cuando bien sabían que, aunque no lo pidiese, por orgullo tal vez, lo necesitaba como él que más.

En el verano del 92 se tiró de un décimo piso del domicilio en el que vivía en Madrid. Ese mismo día murió un mito pero nació una leyenda.

12 abr 2013

21 días en la cárcel



21 días en la cárcel

(Basado en un programa de televisión que lleva el mismo título. El reportaje es muy bueno. Aconsejo verlo)


Soy periodista, y creí que lo iba a ser desde el día en que me licencié hasta después de mi muerte, pero no ha sido así. Pasados esos barrotes, yo soy tan sólo Adela, una reclusa más. Sin títulos académicos que me avalen, ni familia que me acompañe, ni amigos que me apoyen, ni nada… tan sólo Adela.

Inhalé aire profundamente para adquirir la fuerza que sabía que me iba hacer falta allí adentro. Nadie, excepto las autoridades de la cárcel, por si llegado el momento y hubiese algún conflicto del que me tuviesen que sacar de inmediato, sabía que yo estaba allí para hacer un reportaje.

Nada más entrar, me confiscaron mis teléfonos móviles. Después me tomaron los datos personales y rutinarios propios de un ingreso en prisión. Acto seguido, me metieron en un cuarto para requisarme todo lo que llevaba. Allí, incluso las cremas  y demás productos personales de higiene diaria no se pueden tener. Luego me hicieron desnudarme por completo y hasta me hicieron agacharme para cerciorarse de que no ocultaba nada en el interior de mi cuerpo. Algo claramente humillante fuera de aquellos barrotes que me aislaban de la apreciada libertad.

Con mi ropa en mis manos, me hacen estar esperando en una silla en medio de un largo pasillo. Allí me dio tiempo a preguntarme sí toda persona que entra en una prisión, en algún momento dado, llega a plantearse el haber hecho las cosas de otro modo y evitar así terminar en la cárcel.

Al rato me dan el uniforme y un colchón. Con ello, sigo a la funcionaria que me lleva hasta una celda de aislamiento. Jamás había estado en un lugar como aquel. Era un cuchitril. Sin ventanas al exterior, con humedades y sucio. Desde el minúsculo hueco que hay en la puerta, puedo comunicarme con tres de las presas que andan matando el tiempo sentadas en el suelo del pasillo. Una me dice que está allí por homicidio. Mató a su esposo y a su hermana con la que le fue infiel. Entonces pensé que es más fácil terminar en la cárcel de lo que nos podemos llegar a imaginar, porque llegado el momento, uno no puede controlar tan fácilmente su ira o sus reacciones. La vida es quién decide donde llegar y a veces nos conduce a un sitio que jamás hubiésemos querido ir, pero las circunstancias se imponen y también nuestras reacciones, que no siempre son las correctas.

Allí dentro se pierde totalmente la noción del tiempo. No se sabe si es de día o de noche. Tan sólo te guías por lo que te pide el cuerpo. Si estás cansada, duermes. Si no,  te quedas sentada en el colchón inmersa en tus pensamientos y en ese cúmulo de reflexiones que jamás te hubieses imaginado llegar a plantearte en tu vida.

Tan sólo cuando empiezo a oír ruido y movimiento fuera de mi celda, es cuando soy consciente de que ha dado comienzo un nuevo día.

Una funcionaria abre la puerta de la celda y me pide que recoja mis cuatro cosas para trasladarme al que será mi pabellón a partir de ese momento.

Como norma general, las celdas son compartidas, pero sólo en los casos de tratarse de reclusas muy peligrosas, deciden que no sea así. En mi caso y sólo para evitar riesgos innecesarios, deciden que yo no comparta la celda. Eso me vendrá bien. Allí dentro te tienes que hacer respetar por el resto de las presas, y la única manera, es que sepan que eres peligrosa. Si te temen te respetan. Saben que sí estoy en una celda a solas, es por algo, aunque en realidad, ellas ignoran el verdadero motivo.

Esa celda no es mucho mejor que la de aislamiento. Es tan sólo un poco más grande. Con el mismo colchón que me dieron al entrar en prisión y con una letrina tan llena de mugre que se te revuelven las tripas nada más verlo.

Una funcionaria, me explica que a las seis de la mañana, suena el timbre para que nos vayamos levantando y podamos ir al recuento.

Poco después, abren todas las celdas para que podamos estar por los pasillos, y luego, y justo después del recuento, podernos ir al patio.

Me cruzo con las otras reclusas sin mirarlas a la cara. No quiero que piensen que con mi mirada las estoy retando. El miedo es una constante allí en mí. No puedo evitarlo. Tengo que estar alerta porque tanto el peligro como la novedad de aquel lugar me acompañan. Es verdaderamente angustiosa la situación que estoy viviendo aunque no dudo que sacaré una buena lección de todo ello.

Antes de llegar al patio, paso por la sala de juegos. El día anterior, habían tenido las presas las visitas de sus niños, y los juguetes estaban aún esparcidos por todo el suelo. Una de la presa los está recogiendo y yo me pongo a ayudarla. Es maja y muy joven. Me explica su situación y las reflexiones que hace de su experiencia. -En la vida lo único que importa es el dinero. Si tienes dinero no vas a la cárcel- me dice. Aún así, admite su error y no se exculpa de lo que hizo. Si no hubiese llevado droga no estaría ahora allí. Después de recoger el cuarto de juegos, nos vamos juntas al patio y veo, por fin, la luz del sol.

Durante todo el día, nos permiten salir al patío dos horas. Son las únicas horas de todo el día en las que estás un poquito más cerca de la que era tu otra vida. Lo único que te priva de ella, es la realidad en la que ahora te encuentras y esos muros que te recuerdan que no eres libre.

Como dice la letra de una canción: “El viento me alborota y aloca mi pensamiento”. Si bien es cierto que nadie puede controlar sus circunstancias, también es cierto que somos dueños de nuestras emociones y nuestros pensamientos. Son estos los que debemos reconducir del mejor modo para evitar las consecuencias, entre ellas, terminar en prisión.

Al regresar del patio y al principio del pasillo, me encuentro con un tumulto de gente que están presenciando una pelea entre dos de las presas. Al cabo de unos minutos, las “jefas”, como allí llaman a las funcionarias, llegan para separarlas y llevárselas a cada una por un lado. Nos piden calma, que despejemos la zona y que nos retiremos a nuestras respectivas celdas. Pregunto a unas presas por lo ocurrido. Me dicen que no lo saben y me aconsejan que tenga como única prioridad mi vida, evitando meterme en problemas.

Una cosa que echo de menos, es un espejo en el que mirarme. Nunca he destacado por ser una persona coqueta, pero ser consciente del estado de tu rostro, me resulta como menos, fundamental. Me explican que los espejos allí están prohibidos porque pueden utilizarse como arma en alguna pelea.

Allí las peleas son a muerte y por cualquier motivo insignificante. Más que por el hecho en sí es por dejar claro tu hegemonía ante las demás.

Cuando llevas allí dentro más de diez días, el sonido de los barrotes pasa de ser tedioso para convertirse en algo totalmente aborrecible, despreciable e insoportablemente odioso. Esto es más duro de lo que pensaba.
Me cuesta poco ganarme la confianza de otras reclusas,  y que estas, me cuenten sus cosas. Conversando con ellas, me doy cuenta que muchas, han tenido que sufrir la cárcel antes de haber entrado en ella, y por tanto, estar allí no les parece algo tan malo como me parece a mí. -La vida real es muy jodida a veces- me comentan.

Un día a la semana podemos recibir llamadas de nuestras familias. Es en ese momento cuando te das cuenta de que todas las mujeres que están allí, es porque han hecho algo malo y eso nadie lo pone en duda ni ellas mismas lo niegan, pero todas tienen su corazón, y cuando tienen contacto con sus familiares, los sentimientos afloran y las lágrimas se hacen patentes. No puedo evitar sentir empatía al tiempo que lástima. Creo que sin duda, lo más duro de la cárcel es separarte de tus seres queridos.

La vida en la cárcel te endurece el carácter y te hace ver la vida desde otra perspectiva, una más real, de tal modo que valoras más las cosas que antes ni apreciabas.

A pesar de todo, siempre hay cabida para unos momentos de complicidad y de risas que hacen que aquello resulte menos amargo. Las chicas me confiesan los métodos que usan para saciar sus deseos sexuales. Recurrir al ingenio es un método de supervivencia cuando las cosas que tienes son un tanto escasas.

El mismo día de mi libertad estoy muy nerviosa. Quiero volver a recuperarla y volver a mi vida normal, pero también me da pena despedirme de las chicas. He aprendido muchas cosas, para empezar, a saber lo que significa la palabra libertad, porque tan sólo la conocen realmente, los que como yo un día la perdieron.
Me despido de ellas fundiéndome en un gran abrazo y ellas se despiden de mí en medio de una gran ovación. No puedo evitar emocionarme.

En la puerta, devuelvo el uniforme que durante estos días me ha acompañado y ellos me devuelven mis pertenencias. Salgo a la calle y el sol me da de pleno en la cara. Siento de nuevo la libertad, esa que allí dentro tanto nombras y por tanto, tanto anhelas.

17 nov 2012

Cerrado

Blog cerrado temporalmente.

30 jul 2012

Desguace etéreo


Desguace etéreo


Tengo las neuronas congeladas desde el día 23 y estamos aún a 19. No es un error matemático, las matemáticas no fallan, fallamos los humanos. Tampoco es un error topográfico, estar, estuve. No es una imagen onírica que pueda aniquilar una vez abra los ojos. Es el resultado de mi insensatez o quizás de esta atolondrada edad en el que la locura es una constante al tiempo que, es la única justificación de las equivocaciones cometidas de modo reiterativo. He pasado de ser un rebelde desconocido a ser un héroe delincuente.

Se me fue la mano, pero mi acto heroico, lejos de provocar rechazo e indiferencia, provoca admiración. Los ojos de todo el mundo están puestos en mí. Dicen que soy la víctima de mi entorno. Mi familia, desquebrajada e inexistente, no pudieron darme la educación que todos necesitamos y requerimos para convertirnos en personas. Yo me callo y creo que lo crean. Eso me conviene. No soy sólo un asesino sino que también soy un cobarde.

Sé que lo hice mal, esta vez no ha sido como otras veces. La imagen de esa chica pidiéndome piedad con su angustiosa mirada, mientras yo, su verdugo victorioso, la observaba sin pestañear en la oscuridad de ese viejo desguace, que, hoy más que nunca, hubiese deseado que fuese etéreo y que nunca hubiese existido, me está martirizando. Fui verdugo y víctima de mi mismo. No hay estupidez más grande que convertirse en ambas partes de una misma batalla.

Definitivamente este mundo está loco. Yo me siento el ser más ruin del planeta y firmaría por volver a ser ese simple rebelde que alardeaba con sus colegas de las fechorías sin importancia que cometía improvisadamente cada día. Es increíble a la par que curioso. Mientras todo el mundo me alaba, mi conciencia no me deja en paz. Estaba dormida y en mala hora ha tenido que despertar cuando yo siempre la creí muerta.

Esta vez fue distinto. Yo lo sé. No puedo mentirme. Esa pobre muchacha no se lo merecía. Los ojos de su madre se fijan en mí exhalando odio cada vez que me ve pasar de camino a los juzgados o de vuelta a la prisión. Yo bajo la cara. Mi cobardía no me permite mirarle a los ojos. No puedo reprocharla nada. Yo sentiría lo mismo si algún indeseable le hubiese hecho algo semejante a alguna de mis hermanas o incluso a mi madre. La sangre duele y de nada sirve que yo le pida perdón cuando no le puedo devolver a su hija, aunque, pese a que nadie me crea, sería lo que más quisiera en este mundo, incluso si después de ello me tuviese que podrir en la cárcel igualmente.

Mi abogado va alegar que actué bajos los efectos de las drogas, pero no es cierto. Me tuve que colocar después hasta perder la razón e imaginar que ese desguace era etéreo y que jamás la arrastré allí para matarla, pero mientras lo hice, no estaba drogado.

Todo el mundo trata de justificarme, pero es tarde, mi conciencia ya ha firmado sentencia. Soy culpable. 

23 may 2012

Conóceme



"Conóceme" el blog de las entrevistas. Ya vamos por la segunda y como no hay dos sin tres... pues en breve veremos en el blog la tercera y después muchas más... o al menos eso esperamos jejeje.

En la primera entrevista hemos conocido a Carmen Nécora. Una mujer abierta, simpática, espontánea,... que nos ha regalado, entre otras cosas, una deliciosa receta de cocina.

En la segunda entrevista hemos conocido a Manuel Rodríguez. Un psicólogo que nos descubre el carácter de los Asturianos y más cositas interesantes que deberás descubrir leyendo su entrevista.

La próxima entrevista, ya adelanto que es de una amante de los viajes y de la escritura, que nos invitará a perdernos entre los maravillosos viajes de su blog, nos hablará de su faceta de escritora y nos invitará a que la conozcamos un poquito más.

Si tú quieres ser una de las personas entrevistadas y compartir con todos tu blog, tus aficiones, tus gustos, tus pasiones, etc... no tienes más que decirlo y en breve verás tu entrevista en el blog. 

11 may 2012

Saludos

Hola

Hacía tiempo que no actualizaba este blog por motivos que no vienen al caso y hoy, y a estas horas tan tardías, lo estoy haciendo... ya se sabe, nunca es tarde si la dicha es buena y espero que esta, sea muy buena, aunque eso no lo sabré si por lo menos no consulto mi idea, así que a eso vamos...

La cuestión es que quisiera abrir un blog donde sólo hubiese entrevistas. Me gustaría hacer entrevistas a todo tipo de personas que tengan sueños, ilusiones, proyectos... La idea sería que la gente se diese a conocer y en cierta forma, se promocionase. No serían muchas preguntas por supuesto, más que nada porque no tengo mucho tiempo para ello y tampoco es cuestión de agobiar y "desnudar" por completo a la persona entrevistada. Tan sólo serían las suficientes para que esa persona pudiera mostrar de sí misma un poco más de lo que a primera vista nosotros pudiéramos ver. Tan poco serían publicadas muy aménudo, más bien dependería de la gente que estuviese dispuesta a ser entrevistada y del tiempo que yo tuviese para ello. 

La idea me surgió a raíz de haber conocido en mi vida a muchas personas a las que me hubiese gustado o me gustaría preguntarlas muchísimas cosas y sin embargo, quizás por vergüenza, no lo he hecho. 

Y mi pregunta es ¿hay alguien a quién le gustaría que le hiciese una entrevista y que luego la colgase en un blog? 

Sin más.

Muchas gracias a todos.




4 mar 2012

"Si amas algo..."

"Si amas algo, déjalo libre. Si vuelve es tuyo, sino es que jamás lo fue"


Hay citas famosas que no por ser conocidas, tienen que ser ciertas. A mí, esta cita, no me parece del todo correcta. Estoy de acuerdo que si amas algo (o a alguien) lo tienes que dejar libre, porque al fin y al cabo, quién no quiera estar con uno, no lo va a estar, nos guste o no, pero con lo que no estoy para nada de acuerdo es con la segunda premisa de la cita, porque, ante todo, uno tiene que valorar su dignidad y si alguien no ha querido estar contigo, es porque no te valoró y quién no te valora, es porque no te merece, por lo tanto, si vuelve como si no vuelve, lo mismo te tiene que dar. Además, quién te la hace una te la hace ciento y si una vez se fue no dudes de que surgirá otro motivo por el que vuelva a irse.