"Que todo cambie para que todo siga igual"
23 ene 2012
8 ene 2012
Reflexión
Me gusta hacer de vez en cuando un acto de auto-refrescamiento de la realidad, a pesar de que esta pueda y sea dura y cruel, para ser consciente de que terreno estoy pisando, a que situaciones me tengo y me debo de enfrentar y en que condiciones.
De los seres humanos soy consciente que no se debe de esperar mucho a cambio, del mismo modo que no esperen nada de mi parte, así no corres el riesgo de que te puedan defraudar llegado el momento.
Las cosas son como son y sólo a cada uno de nosotros, nos toca lidiar, con las que la vida nos pone en nuestro camino. Si son buenas, nosotros las disfrutaremos, pero si por el contrario, son malas, nosotros y sólo nosotros sufriremos las consecuencias y tendremos que apechugar con ellas. En las buenas sobra gente en las malas todo lo contrario. Pese a todo y pese a eso, la fortaleza y tu madurez, serán las únicas que te ayuden en cada momento. Tanto para disfrutar al máximo de las alegrías como para que el pesar de las penas sea más leve y pasajero.
En estos momentos, entra a tener sentido el significado literal de la palabra familia. Si en las alegrias no las has tenido, no cuentes con ella en las tristezas, porque la familia, la verdadera familia, es con la que vives, y también, con la que tienes un contacto regular, bien sea de encuentros físicos o teléfonicos, cuando las distancias, en este segundo caso, no permiten que sean físicos tan continúos como nos gustaría que fuesen. El resto de la familia, es esa que te encuentras en alguna boda o en algún funeral. No hay más. Esa es la realidad.
Ni reprocho ni reclamo nada a nadie. Creo que soy consciente de lo que tengo y la suerte que me toca correr. No es la primera vez que he pasado por una situación similar. A pesar de todo, creo que soy una persona afortunada y fuerte, muy fuerte. Me he tenido que enfrentar en alguna ocasión que otra, al desprecio de la gente, la humillación, la burla, la ignorancia, los abusos… y pese a que me han afectado porque no soy de hierro, al final, he salido de todo ello. Insisto, aunque la vida no me ha tratado tan bien como a mí me hubiese gustado, creo que he tenido suerte y confío en ella y también confío en Dios, que se que si no pierdo la esperanza y me mantengo firme en mis propósitos, sueños, proyectos e ilusiones, me terminará recompensando de todos los amargos momentos vividos.
De cualquier modo, no niego que tenga miedo. El miedo es aquel veneno incontrolable del que ningún ser humano se puede librar. Creo que todos tenemos cierto miedo al futuro, tanto inmediato como lejano, aunque no todos son o somos valientes como para confesarlo abiertamente. La vida no deja de ser un juego de azar, en el que podemos predecir que vaya a suceder, pero no por ello, vayamos a acertar siempre.
Año 2012
Buenos días.
Hace ya unos días ha comenzado el nuevo año y yo aún no he hecho mi lista de propósitos para el. Muchos, son los mismos que todos los años y que ningún año logro cumplir, otros son nuevos y con vistas a próximos años. De cualquier modo, aunque andan revoloteando en mi cabeza, aún no me he sentado a ordenarlos y plasmarlos en papel.
A veces cometo la torpeza de confundir los propósitos para el año con los sueños convertidos en realidad para mi vida, quizás es que ambos van de la mano.
Hoy tampoco voy a redactar esa lista porque antes tengo que pensar en ella. No se tarda unos minutos como mucha gente bien pudiera pensar. Hay que pensarlos y ordenarlos. De cualquier modo, los iré apuntando en una hoja y poco a poco, iré efectuando esa lista, que luego, compartiré en este blog.
Hoy me apetecía pasarme por mi blog, el cual es cierto que tengo un poco abandonado.
También quería dejar el enlace de un blog que quiero ir poco a poco leyendo.
Por último sólo me queda desear a todo el mundo un feliz 2012.
Besos.
3 dic 2011
Llamirada
Llamirada
He visto a la hambruna cegarse con el más débil
he visto miseria ocultada bajo ella misma
he recorrido llanuras, montes,...
atravesado lagunas y ríos.
He llorado mares de lágrimas
y he desgranado una a una sus gotas
con la fricción de mis dientes
para acrecentar la sed de mis labios.
He visto empapelar las riquezas de los soberbios
con dosis insultantes de hipocresía.
He visto más de mil cosas
que cien ojos no verían en mil vidas.
Y ninguna de ellas logró
mermar ni un ápice mi valentía
pero tus llamiradas, mi amor
me aprensionan sin pausa
buscándome entre la soledad grisácea
de mi nombre -mi verdadero nombre y mi yo-
sin dejar de sorprenderme y estremecerme
y ni me acostumbro a su ausencia
ni añoro su presencia.
Esa misma existencia
que se hace latente en cada esquina
en cada una de las paredes que me encuentro
como el graffiti que se hace hueco
escapándose de todos los demás
que permitiéronse pasar desapercibidos.
Como la llama ardiente
del azul de tu mirada
que nace de las tristes paredes abigarradas
a las que un día, olvidamos ponerle nombre.
Y me quema
cuando se encrespa
pegando fuerte contra mi pecho
acompañándome en mi lecho
tú, siempre, desentumecida llamirada.
22 oct 2011
Admito....
Admito tener mi blog muy pero muy abandonado pero cuando tenga ánimo y ganas me pondré con el. Tan sólo tengo que encarrilar mi vida, que falta le hace, organizarme y, como he dicho, tener ganas.
Aún así, a pesar de mi dejadez, también admito que le tengo cariño a este pequeño rinconcito que un buen día me dió por crearme en este mágico mundo que es internet.
Un saludo.
Aún así, a pesar de mi dejadez, también admito que le tengo cariño a este pequeño rinconcito que un buen día me dió por crearme en este mágico mundo que es internet.
Un saludo.
30 sept 2011
De profesión: Boxeador
De profesión: Boxeador
Sus ojos se salían como llamaradas de fuego de sus órbitas y su nariz achatada por los gajes de su oficio, delataban el orgullo de su trayectoria. Sus puños, eran su arma de artillería, que cerrados, eran la metralla con la que se presentaba a su contrincante.
Viendo donde había llegado se sentía orgulloso. El dinero, el poder, el éxito y la fama que había cosechado durante todos esos años de combate tras combate ganado, le daban seguridad y se reía recordando los consejos que de pequeño le machacaban en el colegio. “Estudia, porque si no estudias no vas a llegar a ser nadie en la vida”.
No le hacía falta ni leer ni escribir ni sumar ni restar, para eso tenía un harem de empleados que se encargaban de hacerlo por él, además de bailarle el agua. Tan sólo tenía que ocuparse de estar en forma y cuidar sus puños para seguir triunfando en el rin.
También tenía a sus padres, dos personas humildes y trabajadores, que le hacían estar siempre con los pies en la tierra y no le dejaban fantasear más de lo necesario. No estaban orgullosos de que hubiese colgado tan pronto los libros para calzarse los guantes de boxeo, pero siempre fue su sueño, y al menos, gracias a eso, podía obtener con facilidad lo que ellos tanto tuvieron que sudar. El dinero no da la felicidad, pero al menos les permitía no pasar penurias y vivir muy cómodamente.
Era el número uno y una bestia sin miramientos cuando se subía al cuadrilátero, pero, sin embargo, era un joven tranquilo y con buen fondo, cuando dejaba en la taquilla del vestuario los guantes.
Si algo tenía claro, es que debía de ahorrar porque, la vida de un boxeador es muy corta. Se lo habían metido en la cabeza y todos los que le rodeaban se lo repetían constantemente.
Además de gustarle el boxeo, era un amante de todos los deportes en general, sobre todo del futbol. Era un forofo del Real Madrid, su equipo. Iba al Bernabeu cada vez que tenía oportunidad de hacerlo.
Aquella noche era el gran partido. Un clásico imperdonable de perder. Real Madrid-Barça. Había quedado con sus colegas para ir al ver el partido en la grada y gritar como los grandes aficionados que eran.
Su madre, como cualquier madre que se preocupa por un hijo, le pidió que tuviese cuidado. Él, se despidió dándole un beso en la frente, se atavió de su bufanda madridista y de su gorra y se fue al parque donde había quedado con los amigos para ir todos juntos al Bernabeu.
El estadio estaba a rebosar. No cabía ni un alfiler. La gente estaba pletórica. Multitud de policías rodeaban el estadio para que no se produjese ningún accidente entre los aficionados de uno y otro equipo.
La gente gritaba. El Madrid iba ganando como no podía ser de otro modo y los culés iban tragándose el polvo de los galácticos.
Terminó el partido, 6 – 0. Ahora tocaba celebrarlo, como la ocasión lo merecía, por todos los garitos de la Castellana que en la noche les diesen tiempo a visitar.
La grada cantaba contentos de felicidad. ¡¡Hala Madrid, hala Madrid!! Los culés se iban del campo avergonzados y, como de costumbre, sin la humildad de asumir una nueva derrota en el mejor estadio de futbol del mundo.
¡¡ Hala Madrid, hala Madrid !! seguían gritando echándole un pulso a sus gargantas.
Los policías, impedían que culés y madridistas abandonasen el campo a la vez, por temor a posibles altercados.
Sus amigos y él no eran personas conflictivas ni violentas, por lo tanto, huían de todos las posibles aglomeraciones que pudiesen terminar en peleas.
Entraron en un garito, el primero que encontraron de camino, se tomaron un par de birras, se echaron unas risas y se fueron al siguiente local. En la puerta, sin llegar a entrar, un grupo de culés que aparecieron de repente, se dirigieron a ellos con tono y gestos agresivos. Él dio un paso adelante:
- Ey amigos, tranquilos que el partido ya ha terminado y no queremos ganas de bronca. Venga, vamos a entrad todos que os invitamos nosotros a unas birras.
Ellos se pusieron chulitos. Su agresividad era notoria y sus ganas de trifulca se olía desde lejos.
- ¡Nosotros no bebemos con unos putos madridistas de mierda.!
- Bueno… nosotros si vamos a tomarnos unas cervezas.. contestó, dando por su parte finalizada la conversación y haciendo el amago de entrar en el local.
Rápidamente dos culés se lo impidieron y le cortaron el paso poniéndose delante de la puerta. Los vigilantes del local, intercedieron en la discusión, diciéndoles a los culés que si querían pelea que se fuesen a otro lugar.
- ¡Cua, coooo co co cua!- imitando el sonido e interpretando de modo burlón a una gallina, los culés continuaron molestándoles, mientras los madridistas estaban callados, sin entrar al trapo ante semejantes provocaciones.
Los vigilantes volvieron a actuar.
- ¡Largaros inmediatamente de aquí o llamamos a la policía!
- Venga, vamos chicos a entrar.- dijo él a sus amigos, ignorando a los culés.
- ¡Tú no vas a ninguna parte!- le increpó uno de ellos, intentándole pegar un golpe.
Él lo esquivó pidiéndole que le dejase tranquilo. Sabía que si quisiera, le podría mandar derecho al hospital pero en ese momento no era el número uno del boxeo sino un joven más que acababa de disfrutar de la victoria de su equipo y que tan sólo quería pasar unas horas de risas con sus amigos. Siempre supo y quiso que el boxeo fuese su profesión y su medio de vida, pero nada más.
En milésimas de segundos, todos los culés se echaron contra él y contra el resto. A él no le dio tiempo casi ni a reaccionar. Un navajazo le atravesó el pecho. Agonizando, de camino en la camilla de la ambulancia, recordó a los médicos que le atendían que la vida de un boxeador acababa siempre demasiado pronto.
Sus ojos se salían como llamaradas de fuego de sus órbitas y su nariz achatada por los gajes de su oficio, delataban el orgullo de su trayectoria. Sus puños, eran su arma de artillería, que cerrados, eran la metralla con la que se presentaba a su contrincante.
Viendo donde había llegado se sentía orgulloso. El dinero, el poder, el éxito y la fama que había cosechado durante todos esos años de combate tras combate ganado, le daban seguridad y se reía recordando los consejos que de pequeño le machacaban en el colegio. “Estudia, porque si no estudias no vas a llegar a ser nadie en la vida”.
No le hacía falta ni leer ni escribir ni sumar ni restar, para eso tenía un harem de empleados que se encargaban de hacerlo por él, además de bailarle el agua. Tan sólo tenía que ocuparse de estar en forma y cuidar sus puños para seguir triunfando en el rin.
También tenía a sus padres, dos personas humildes y trabajadores, que le hacían estar siempre con los pies en la tierra y no le dejaban fantasear más de lo necesario. No estaban orgullosos de que hubiese colgado tan pronto los libros para calzarse los guantes de boxeo, pero siempre fue su sueño, y al menos, gracias a eso, podía obtener con facilidad lo que ellos tanto tuvieron que sudar. El dinero no da la felicidad, pero al menos les permitía no pasar penurias y vivir muy cómodamente.
Era el número uno y una bestia sin miramientos cuando se subía al cuadrilátero, pero, sin embargo, era un joven tranquilo y con buen fondo, cuando dejaba en la taquilla del vestuario los guantes.
Si algo tenía claro, es que debía de ahorrar porque, la vida de un boxeador es muy corta. Se lo habían metido en la cabeza y todos los que le rodeaban se lo repetían constantemente.
Además de gustarle el boxeo, era un amante de todos los deportes en general, sobre todo del futbol. Era un forofo del Real Madrid, su equipo. Iba al Bernabeu cada vez que tenía oportunidad de hacerlo.
Aquella noche era el gran partido. Un clásico imperdonable de perder. Real Madrid-Barça. Había quedado con sus colegas para ir al ver el partido en la grada y gritar como los grandes aficionados que eran.
Su madre, como cualquier madre que se preocupa por un hijo, le pidió que tuviese cuidado. Él, se despidió dándole un beso en la frente, se atavió de su bufanda madridista y de su gorra y se fue al parque donde había quedado con los amigos para ir todos juntos al Bernabeu.
El estadio estaba a rebosar. No cabía ni un alfiler. La gente estaba pletórica. Multitud de policías rodeaban el estadio para que no se produjese ningún accidente entre los aficionados de uno y otro equipo.
La gente gritaba. El Madrid iba ganando como no podía ser de otro modo y los culés iban tragándose el polvo de los galácticos.
Terminó el partido, 6 – 0. Ahora tocaba celebrarlo, como la ocasión lo merecía, por todos los garitos de la Castellana que en la noche les diesen tiempo a visitar.
La grada cantaba contentos de felicidad. ¡¡Hala Madrid, hala Madrid!! Los culés se iban del campo avergonzados y, como de costumbre, sin la humildad de asumir una nueva derrota en el mejor estadio de futbol del mundo.
¡¡ Hala Madrid, hala Madrid !! seguían gritando echándole un pulso a sus gargantas.
Los policías, impedían que culés y madridistas abandonasen el campo a la vez, por temor a posibles altercados.
Sus amigos y él no eran personas conflictivas ni violentas, por lo tanto, huían de todos las posibles aglomeraciones que pudiesen terminar en peleas.
Entraron en un garito, el primero que encontraron de camino, se tomaron un par de birras, se echaron unas risas y se fueron al siguiente local. En la puerta, sin llegar a entrar, un grupo de culés que aparecieron de repente, se dirigieron a ellos con tono y gestos agresivos. Él dio un paso adelante:
- Ey amigos, tranquilos que el partido ya ha terminado y no queremos ganas de bronca. Venga, vamos a entrad todos que os invitamos nosotros a unas birras.
Ellos se pusieron chulitos. Su agresividad era notoria y sus ganas de trifulca se olía desde lejos.
- ¡Nosotros no bebemos con unos putos madridistas de mierda.!
- Bueno… nosotros si vamos a tomarnos unas cervezas.. contestó, dando por su parte finalizada la conversación y haciendo el amago de entrar en el local.
Rápidamente dos culés se lo impidieron y le cortaron el paso poniéndose delante de la puerta. Los vigilantes del local, intercedieron en la discusión, diciéndoles a los culés que si querían pelea que se fuesen a otro lugar.
- ¡Cua, coooo co co cua!- imitando el sonido e interpretando de modo burlón a una gallina, los culés continuaron molestándoles, mientras los madridistas estaban callados, sin entrar al trapo ante semejantes provocaciones.
Los vigilantes volvieron a actuar.
- ¡Largaros inmediatamente de aquí o llamamos a la policía!
- Venga, vamos chicos a entrar.- dijo él a sus amigos, ignorando a los culés.
- ¡Tú no vas a ninguna parte!- le increpó uno de ellos, intentándole pegar un golpe.
Él lo esquivó pidiéndole que le dejase tranquilo. Sabía que si quisiera, le podría mandar derecho al hospital pero en ese momento no era el número uno del boxeo sino un joven más que acababa de disfrutar de la victoria de su equipo y que tan sólo quería pasar unas horas de risas con sus amigos. Siempre supo y quiso que el boxeo fuese su profesión y su medio de vida, pero nada más.
En milésimas de segundos, todos los culés se echaron contra él y contra el resto. A él no le dio tiempo casi ni a reaccionar. Un navajazo le atravesó el pecho. Agonizando, de camino en la camilla de la ambulancia, recordó a los médicos que le atendían que la vida de un boxeador acababa siempre demasiado pronto.
5 jun 2011
Tengo que decir...
.... que aunque para algunos parezca y algo insognificante a mí me ha hecho mucha ilusión el hecho de que publicasen algo mío en una revista. Por algo se empieza.
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