De paso, tan sólo de paso estoy aquí. Tal vez provocado por cierto momento nostálgico o cierto momento de necesidad he vuelto, aunque tan sólo sea un momento, porque aunque nunca me he ido si es cierto que llevo mucho tiempo ausente.
11 oct 2014
9 may 2013
Tengo ganas de ti
Acurrucado
tras la maleza, hasta ayer mismo, observaba en la oscuridad de la noche la
ventana donde ella dormía. No lograba olvidarla. Tampoco quería hacerlo. El
olor de su cabello estaba aposentado en mi alma de forma indefinida. Nada me
costaba entonces cerrar mis ojos y sentirla de nuevo entre mis brazos.
Semejante placer me hacía disfrutar, pero también me dolía y me hacía sufrir. Me
atormentaba que ahora todo fuese tan sólo un grato recuerdo del pasado relegado
a algo olvidado completamente en su mente.
Cuando la luz que alumbraba su habitación se apagaba, yo empezaba a soñar despierto, y la volvía a ver ahí, en esa misma habitación, desprendiéndose de su ropa frente a mí, que me hallaba contemplando su belleza sentado en uno de los vértices de la cama. Ensimismado. Sin perder detalle.
Era increíble. Sin llegarla a rozarla aún, ya sentía su aroma recorriendo mi cuerpo como la sangre que se abandona por mis arterias, alimentando mi potencia y aumentando mi libido. Ese mismo que iba corriendo como el agua desbordada del río que se pierde hasta terminar en la mar, concentrándose entre mis piernas, mientras estaba siendo coaccionado gratamente. En esos precisos momentos, era incapaz de decir ni siquiera donde estaba, pero si sabía claramente donde quería llegar.
Comenzaba a correr superando la velocidad permitida, mientras ella me obligaba a pisar el freno, controlando así las marchas en cada agitada respiración. Por aquel entonces, no era consciente de que el universo perfecto se pudiese llegar a desquebrajar en fracciones de segundo, haciéndome sentir el frío de los pedazos rotos bajo mis píes. Me equivoqué. Creí que tenia controlado la realidad, sin saber que está, me iba a controlar a mí de por vida. Ahora mi realidad es la que siempre me acompaña. La que me recogió cuando ella, la mujer que tanto amé y sigo amando, me abandonó. Esa, la silla de ruedas que me recuerda cada mañana al levantarme, hasta cuando la dejo para echarme a dormir, lo que pasó aquella fatídica tarde de sábado. Si no hubiese cogido el coche, quizás no hubiese tenido el accidente y ahora seguiría con ella, pero probablemente tampoco hubiese sabido que ella jamás me amó realmente.
Cuando amanece y despierto empapado de ese sudor frío que me recuerda que ella estuvo presente en mis sueños, no puedo evitar desearla tenerla de nuevo entre mis brazos, a pesar de que el único que ame sea yo. El amor es así de ilógico. Si no existiese y todo se concentrase en una relación sexual, sería más sencillo.
Aunque ella no lo sepa, aunque sólo me lo haya admitido a mí mismo, yo la sigo amando, y recupero el aliento bañándome desnudo, cuando puedo y el tiempo me lo permite, en el mar para que la salitre de sus olas se intercambie con el sabor putrefacto de mi piel.
No podré avanzar sí estoy anclado a un pasado que, aunque volviese, jamás sería igual. Por eso he roto el lienzo. Ese que me regalaba subliminalmente su rostro, formado por colores simétricos colocados minuciosamente sobre él, ocupando la parte principal de mi vida, y que me recordaba que tenía que ser destruido para poder continuar. Su valor cromático había caído empicado hacía tiempo. Todo el mundo lo sabía pero faltaba que yo quisiese admitirlo.
7 may 2013
El boxeador
(Viendo un reportaje sobre la vida de un boxeador escribí este artículo)
Cuando has subido muy arriba, mucha gente te
rodea, pero cuando caes empicado hasta tocar fondo y te encuentras en lo más
bajo, pocos te acompañan. En lo que no depara la gente, es que si la caída ha
sido fuerte, es porque has tenido que haber subido mucho.
Su padre falleció a la misma edad que él: Cuarenta
y nueve años. Una edad para ya saber bastante de la vida pero muy joven para
irte de ella.
Cuando te ofrecen mucho dinero por hacer algo
que, aunque no te guste, no requiere mucho esfuerzo a simple vista, no te lo
piensas… y comienzas en ese mundo… y sigues….
y subes…. y quieres seguir subiendo como
la espuma, y lo que es mejor, (o peor) es que lo haces.
Los expertos y críticos del boxeo no daban
crédito. No sabía boxear, ni moverse adecuadamente. No
tenía el estilo propio y requerido en el boxeo, pero sin lugar a dudas, era un
fenómeno a tener en cuenta. Llegase donde fuese, la gente le quería ver y
llenaba estadios de forma asombrosa. Movía a la multitud allá donde iba,
dejándoles con la boca abierta y más que satisfechos con el espectáculo
ofrecido.
Él éxito le acompaña y Guipúzcoa se le queda
pequeño, así que un día tiene que dejar el caserío donde vivía para viajar a
Madrid.
A lo largo de un mito siempre se crea una sombra
y se les empieza a acusar de haber tongo en los combates, porque, según decían,
se le ponía a pelear con boxeadores malos. Tanto él como su entorno siempre lo
negaron, pero inevitablemente, el fantasma del tongo le persiguió durante toda
su vida profesional.
Paralelamente al boxeo, comenzó a salir y a beber. Indiscutiblemente, el mundo de la farándula, el salir de fiesta, la noche, el alcohol… son aficiones incompatibles con el deporte, pero eso él no lo entendía.
Separado de su primera mujer, sus salidas
nocturnas, las fiestas, y las mujeres, empezaban a ser una constante en su vida.
Le advirtieron que se alejase de ese mundo, pero él hizo caso omiso a todos los
consejos y se metió en una vorágine de la que es tan fácil entrar como difícil
es salir.
Tenía privilegios de los que otros carecían,
tal es así, que hasta la federación Española le permitió ser campeón de Europa
sin haber sido antes campeón de España.
A su alrededor habían muchos viviendo a
cuenta de él, pero no sólo era extremadamente generoso sino que, como el dinero
que manejaba era mucho, no le importaba gastarlo como se le antojase. Cuando
tienes, crees que nunca te va a faltar, y cuando te falta, es cuando te das
cuenta de lo que tuviste.
Su final comenzó cuando un conocido alemán le
arrebató el título europeo. No volvería a recuperarlo nunca más. Es ahí cuando
empieza su decadencia tan profesional como personal.
Su vida desordenada continúa hasta que conoce
a la que sería su segunda mujer y el gran amor de su vida. Él estaba aún casado
y lo que hoy hubiese sido infidelidad, con el régimen de franco, fue sin
embargo adulterio.
Se justificaba diciendo que, cuando él decidió
irse a Madrid, su mujer no quiso acompañarle y que era un hombre joven sólo en
una ciudad grande, por lo tanto, era normal que conociese a otras mujeres,
además habría que añadir que era guapo y con dinero, los ingredientes
principales para que las mujeres se sintiesen más que atraídas por él. No
guardaba rencor con su primera mujer, pero si había un notorio distanciamiento,
ya no sólo con ella sino también con los tres hijos que tuvieron en común.
Pese a su estabilidad sentimental con su
segunda mujer, él seguía bebiendo, y bebía mucho. Cada vez más. Eso hacía que
su caída fuese más vertiginosa y su decadencia más pronunciada e inevitable.
Todo el mundo era consciente de su declive y de su cruda realidad excepto él
que, lejos de admitirla, le quitaba hierro al asunto.
Después de muerto llegaron las lamentaciones
por parte de muchas personas. Quizás… quizás… quizás… pero ya era tarde.
Demasiado tarde. Él se había quitado la vida y ya no había vuelta atrás.
Quién le conoció dice que fue un buen
boxeador pero fue mucho mejor persona, que ayudó siempre a todos aquellos que
en algún momento requirieron de su ayuda, pero en cambio, cuando él necesito
ser ayudado, ni lo supieron ni, probablemente, le quisieron ayudar, cuando bien
sabían que, aunque no lo pidiese, por orgullo tal vez, lo necesitaba como él
que más.
En el verano del 92 se tiró de un décimo piso
del domicilio en el que vivía en Madrid. Ese mismo día murió un mito pero nació
una leyenda.
12 abr 2013
21 días en la cárcel
21 días en la cárcel
(Basado en un programa de televisión que lleva el mismo título. El reportaje es muy bueno. Aconsejo verlo)
Soy periodista, y creí que lo iba a ser desde
el día en que me licencié hasta después de mi muerte, pero no ha sido así.
Pasados esos barrotes, yo soy tan sólo Adela, una reclusa más. Sin títulos
académicos que me avalen, ni familia que me acompañe, ni amigos que me apoyen,
ni nada… tan sólo Adela.
Inhalé aire profundamente para adquirir la
fuerza que sabía que me iba hacer falta allí adentro. Nadie, excepto las
autoridades de la cárcel, por si llegado el momento y hubiese algún conflicto
del que me tuviesen que sacar de inmediato, sabía que yo estaba allí para hacer
un reportaje.
Nada más entrar, me confiscaron mis teléfonos
móviles. Después me tomaron los datos personales y rutinarios propios de un
ingreso en prisión. Acto seguido, me metieron en un cuarto para requisarme todo
lo que llevaba. Allí, incluso las cremas
y demás productos personales de higiene diaria no se pueden tener. Luego
me hicieron desnudarme por completo y hasta me hicieron agacharme para
cerciorarse de que no ocultaba nada en el interior de mi cuerpo. Algo
claramente humillante fuera de aquellos barrotes que me aislaban de la
apreciada libertad.
Con mi ropa en mis manos, me hacen estar
esperando en una silla en medio de un largo pasillo. Allí me dio tiempo a preguntarme
sí toda persona que entra en una prisión, en algún momento dado, llega a
plantearse el haber hecho las cosas de otro modo y evitar así terminar en la
cárcel.
Al rato me dan el uniforme y un colchón. Con
ello, sigo a la funcionaria que me lleva hasta una celda de aislamiento. Jamás
había estado en un lugar como aquel. Era un cuchitril. Sin ventanas al
exterior, con humedades y sucio. Desde el minúsculo hueco que hay en la puerta,
puedo comunicarme con tres de las presas que andan matando el tiempo sentadas
en el suelo del pasillo. Una me dice que está allí por homicidio. Mató a su
esposo y a su hermana con la que le fue infiel. Entonces pensé que es más fácil
terminar en la cárcel de lo que nos podemos llegar a imaginar, porque llegado
el momento, uno no puede controlar tan fácilmente su ira o sus reacciones. La
vida es quién decide donde llegar y a veces nos conduce a un sitio que jamás
hubiésemos querido ir, pero las circunstancias se imponen y también nuestras
reacciones, que no siempre son las correctas.
Allí dentro se pierde totalmente la noción
del tiempo. No se sabe si es de día o de noche. Tan sólo te guías por lo que te
pide el cuerpo. Si estás cansada, duermes. Si no, te quedas sentada en el colchón inmersa en tus
pensamientos y en ese cúmulo de reflexiones que jamás te hubieses imaginado
llegar a plantearte en tu vida.
Tan sólo cuando empiezo a oír ruido y
movimiento fuera de mi celda, es cuando soy consciente de que ha dado comienzo
un nuevo día.
Una funcionaria abre la puerta de la celda y
me pide que recoja mis cuatro cosas para trasladarme al que será mi pabellón a
partir de ese momento.
Como norma general, las celdas son
compartidas, pero sólo en los casos de tratarse de reclusas muy peligrosas,
deciden que no sea así. En mi caso y sólo para evitar riesgos innecesarios,
deciden que yo no comparta la celda. Eso me vendrá bien. Allí dentro te tienes
que hacer respetar por el resto de las presas, y la única manera, es que sepan
que eres peligrosa. Si te temen te respetan. Saben que sí estoy en una celda a
solas, es por algo, aunque en realidad, ellas ignoran el verdadero motivo.
Esa celda no es mucho mejor que la de
aislamiento. Es tan sólo un poco más grande. Con el mismo colchón que me dieron
al entrar en prisión y con una letrina tan llena de mugre que se te revuelven
las tripas nada más verlo.
Una funcionaria, me explica que a las seis de
la mañana, suena el timbre para que nos vayamos levantando y podamos ir al
recuento.
Poco después, abren todas las celdas para que
podamos estar por los pasillos, y luego, y justo después del recuento, podernos
ir al patio.
Me cruzo con las otras reclusas sin mirarlas
a la cara. No quiero que piensen que con mi mirada las estoy retando. El miedo
es una constante allí en mí. No puedo evitarlo. Tengo que estar alerta porque
tanto el peligro como la novedad de aquel lugar me acompañan. Es verdaderamente
angustiosa la situación que estoy viviendo aunque no dudo que sacaré una buena
lección de todo ello.
Antes de llegar al patio, paso por la sala de
juegos. El día anterior, habían tenido las presas las visitas de sus niños, y
los juguetes estaban aún esparcidos por todo el suelo. Una de la presa los está
recogiendo y yo me pongo a ayudarla. Es maja y muy joven. Me explica su
situación y las reflexiones que hace de su experiencia. -En la vida lo único
que importa es el dinero. Si tienes dinero no vas a la cárcel- me dice. Aún
así, admite su error y no se exculpa de lo que hizo. Si no hubiese llevado
droga no estaría ahora allí. Después de recoger el cuarto de juegos, nos vamos
juntas al patio y veo, por fin, la luz del sol.
Durante todo el día, nos permiten salir al
patío dos horas. Son las únicas horas de todo el día en las que estás un
poquito más cerca de la que era tu otra vida. Lo único que te priva de ella, es
la realidad en la que ahora te encuentras y esos muros que te recuerdan que no
eres libre.
Como dice la letra de una canción: “El viento
me alborota y aloca mi pensamiento”. Si bien es cierto que nadie puede
controlar sus circunstancias, también es cierto que somos dueños de nuestras
emociones y nuestros pensamientos. Son estos los que debemos reconducir del
mejor modo para evitar las consecuencias, entre ellas, terminar en prisión.
Al regresar del patio y al principio del
pasillo, me encuentro con un tumulto de gente que están presenciando una pelea
entre dos de las presas. Al cabo de unos minutos, las “jefas”, como allí llaman
a las funcionarias, llegan para separarlas y llevárselas a cada una por un lado.
Nos piden calma, que despejemos la zona y que nos retiremos a nuestras
respectivas celdas. Pregunto a unas presas por lo ocurrido. Me dicen que no lo
saben y me aconsejan que tenga como única prioridad mi vida, evitando meterme
en problemas.
Una cosa que echo de menos, es un espejo en
el que mirarme. Nunca he destacado por ser una persona coqueta, pero ser
consciente del estado de tu rostro, me resulta como menos, fundamental. Me
explican que los espejos allí están prohibidos porque pueden utilizarse como
arma en alguna pelea.
Allí las peleas son a muerte y por cualquier
motivo insignificante. Más que por el hecho en sí es por dejar claro tu
hegemonía ante las demás.
Cuando llevas allí dentro más de diez días,
el sonido de los barrotes pasa de ser tedioso para convertirse en algo
totalmente aborrecible, despreciable e insoportablemente odioso. Esto es más
duro de lo que pensaba.
Me cuesta poco ganarme la confianza de otras
reclusas, y que estas, me cuenten sus
cosas. Conversando con ellas, me doy cuenta que muchas, han tenido que sufrir
la cárcel antes de haber entrado en ella, y por tanto, estar allí no les parece
algo tan malo como me parece a mí. -La vida real es muy jodida a veces- me
comentan.
Un día a la semana podemos recibir llamadas
de nuestras familias. Es en ese momento cuando te das cuenta de que todas las
mujeres que están allí, es porque han hecho algo malo y eso nadie lo pone en
duda ni ellas mismas lo niegan, pero todas tienen su corazón, y cuando tienen
contacto con sus familiares, los sentimientos afloran y las lágrimas se hacen
patentes. No puedo evitar sentir empatía al tiempo que lástima. Creo que sin
duda, lo más duro de la cárcel es separarte de tus seres queridos.
La vida en la cárcel te endurece el carácter
y te hace ver la vida desde otra perspectiva, una más real, de tal modo que valoras
más las cosas que antes ni apreciabas.
A pesar de todo, siempre hay cabida para unos
momentos de complicidad y de risas que hacen que aquello resulte menos amargo.
Las chicas me confiesan los métodos que usan para saciar sus deseos sexuales.
Recurrir al ingenio es un método de supervivencia cuando las cosas que tienes
son un tanto escasas.
El mismo día de mi libertad estoy muy
nerviosa. Quiero volver a recuperarla y volver a mi vida normal, pero también
me da pena despedirme de las chicas. He aprendido muchas cosas, para empezar, a
saber lo que significa la palabra libertad, porque tan sólo la conocen realmente,
los que como yo un día la perdieron.
Me despido de ellas fundiéndome en un gran
abrazo y ellas se despiden de mí en medio de una gran ovación. No puedo evitar
emocionarme.
En la puerta, devuelvo el uniforme que
durante estos días me ha acompañado y ellos me devuelven mis pertenencias.
Salgo a la calle y el sol me da de pleno en la cara. Siento de nuevo la
libertad, esa que allí dentro tanto nombras y por tanto, tanto anhelas.
17 nov 2012
30 jul 2012
Desguace etéreo
Desguace
etéreo
Tengo las neuronas congeladas desde el día 23
y estamos aún a 19. No es un error matemático, las matemáticas no fallan,
fallamos los humanos. Tampoco es un error topográfico, estar, estuve. No es una
imagen onírica que pueda aniquilar una vez abra los ojos. Es el resultado de mi
insensatez o quizás de esta atolondrada edad en el que la locura es una
constante al tiempo que, es la única justificación de las equivocaciones
cometidas de modo reiterativo. He pasado de ser un rebelde desconocido a ser un
héroe delincuente.
Se me fue la mano, pero mi acto heroico,
lejos de provocar rechazo e indiferencia, provoca admiración. Los ojos de todo
el mundo están puestos en mí. Dicen que soy la víctima de mi entorno. Mi
familia, desquebrajada e inexistente, no pudieron darme la educación que todos
necesitamos y requerimos para convertirnos en personas. Yo me callo y creo que
lo crean. Eso me conviene. No soy sólo un asesino sino que también soy un cobarde.
Sé que lo hice mal, esta vez no ha sido como
otras veces. La imagen de esa chica pidiéndome piedad con su angustiosa mirada,
mientras yo, su verdugo victorioso, la observaba sin pestañear en la oscuridad
de ese viejo desguace, que, hoy más que nunca, hubiese deseado que fuese etéreo
y que nunca hubiese existido, me está martirizando. Fui verdugo y víctima de mi
mismo. No hay estupidez más grande que convertirse en ambas partes de una misma
batalla.
Definitivamente este mundo está loco. Yo me
siento el ser más ruin del planeta y firmaría por volver a ser ese simple
rebelde que alardeaba con sus colegas de las fechorías sin importancia que
cometía improvisadamente cada día. Es increíble a la par que curioso. Mientras
todo el mundo me alaba, mi conciencia no me deja en paz. Estaba dormida y en
mala hora ha tenido que despertar cuando yo siempre la creí muerta.
Esta vez fue distinto. Yo lo sé. No puedo
mentirme. Esa pobre muchacha no se lo merecía. Los ojos de su madre se fijan en
mí exhalando odio cada vez que me ve pasar de camino a los juzgados o de vuelta
a la prisión. Yo bajo la cara. Mi cobardía no me permite mirarle a los ojos. No
puedo reprocharla nada. Yo sentiría lo mismo si algún indeseable le hubiese
hecho algo semejante a alguna de mis hermanas o incluso a mi madre. La sangre
duele y de nada sirve que yo le pida perdón cuando no le puedo devolver a su
hija, aunque, pese a que nadie me crea, sería lo que más quisiera en este
mundo, incluso si después de ello me tuviese que podrir en la cárcel igualmente.
Mi abogado va alegar que actué bajos los
efectos de las drogas, pero no es cierto. Me tuve que colocar después hasta
perder la razón e imaginar que ese desguace era etéreo y que jamás la arrastré
allí para matarla, pero mientras lo hice, no estaba drogado.
Todo el mundo trata de justificarme, pero es
tarde, mi conciencia ya ha firmado sentencia. Soy culpable.
23 may 2012
Conóceme
"Conóceme" el blog de las entrevistas. Ya vamos por la segunda y como no hay dos sin tres... pues en breve veremos en el blog la tercera y después muchas más... o al menos eso esperamos jejeje.
En la primera entrevista hemos conocido a Carmen Nécora. Una mujer abierta, simpática, espontánea,... que nos ha regalado, entre otras cosas, una deliciosa receta de cocina.
En la segunda entrevista hemos conocido a Manuel Rodríguez. Un psicólogo que nos descubre el carácter de los Asturianos y más cositas interesantes que deberás descubrir leyendo su entrevista.
La próxima entrevista, ya adelanto que es de una amante de los viajes y de la escritura, que nos invitará a perdernos entre los maravillosos viajes de su blog, nos hablará de su faceta de escritora y nos invitará a que la conozcamos un poquito más.
Si tú quieres ser una de las personas entrevistadas y compartir con todos tu blog, tus aficiones, tus gustos, tus pasiones, etc... no tienes más que decirlo y en breve verás tu entrevista en el blog.
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